A nadie le gusta ser el segundo plato de una relación. Todas hemos pasado por ahí. Di basta, no te dejes sentar en el banquillo nunca más.

Si eres su segundo plato, no lo conviertas en tu primero

A ninguna nos gusta ser el segundo plato. A nadie le gusta chupar banquillo y ser “la de reserva”, sin embargo, sucede más a menudo de lo que te imaginas. Todas merecemos ser las primeras y no una simple elección más o un salvavidas. De hecho, una de las cosas que deberíamos hacer desde el primer momento es dejarnos bien claro que jamás seremos el segundo plato de nadie. No merecemos menos que eso. A veces, cuesta llegar a esta conclusión, sobre todo cuando te pillas de alguien y te das cuenta de que, en realidad, él no está tan pillado como tú.

Cuesta darse cuenta de que eres el segundo plato de alguien, pero una vez lo hayas hecho, no tendrás que preocuparte más por eso. Si eres capaz de descubrir a un hombre mareador, podrás plantarte. Siempre serás la primera y eso, es lo único importante. Tienes que tomar las riendas de tu relación y de tu vida y plantarte. Hoy te traemos algunos consejos que te vendrán bien para no ser jamás el segundo plato de nadie.

1. El problema era mío, no suyo

Normalmente, cuando te pasa esto lo primero que piensas es que el problema es tuyo. Que te pasa algo. Yo solía preguntarme por qué nada de lo que hacía parecía suficiente y qué podría haber hecho de forma diferente para convertirme en la primera opción de ese chico que me tenía loca.

Si te haces esas preguntas, tienes que parar. Es muy cansado, te quema. No puedes permitirte cuestionarte tanto, si lo haces te estás convirtiendo en tu peor enemigo, te estás destrozando tu misma la autoestima y eso no puedes permitirlo. Puede que no seas perfecta, pero ese no es el verdadero problema. El problema es él, que no sabe lo que quiere.

2. El amor que mereces

Como asumes que tú eres el problema, no te cuesta mucho terminar aceptando que esas migajas que recibes son las que te mereces. No hay nada peor que eso. Si yo me colgaba mucho de un chico y, este de repente, se distanciaba, entendía que era culpa mía; me había vuelto muy dependiente. La realidad es otra muy diferente, yo quería amor y él no. En un mundo perfecto, yo debería haberme dado cuenta de que la cosa terminaba aquí… Pero no, claro.

3. Celos de todo

Estar constantemente en el banquillo es una putada enorme, llega un momento en el que tienes que plantarte y decir “hasta aquí” o te acabas volviendo loca. Con el tiempo me di cuenta de que me ponía celosa por las cosas más estúpidas, cosas que ni siquiera tenían nada que ver conmigo o con nuestra relación. Me di cuenta de que, lo que me quemaba era no sentirme validada por la persona con la que estaba.

Si no me llamaba o si lo hacía en el último momento, me volvía loca, pensaba que, si lo hacía, era porque la otra no tenía nada mejor que hacer… Como te puedes imaginar, vivir así es horrible.

4. A veces necesitas algo más

Algunos chicos te dejan claro desde el principio que no quieren nada serio contigo, que no se quieren comprometer, ni quieren una relación a largo plazo. Yo he seguido con ellos, aceptando las normas de juego, incluso cuando yo sí quería algo más. También dejé de hacer eso.

Es muy sencillo, es un pequeño paso, pero es un cambio importante.

No tengo ningún problema con quedar con alguien un par de veces, a cenar o para salir por ahí. Pero, si tras ese par de citas yo quiero algo más y él no, soy lo bastante fuerte para dar un paso atrás y dejarlo correr. Si no lo hiciera, sé que me rompería el corazón otra vez. A veces tendrás que recordarte por qué haces eso, pero en el fondo, merece la pena.

5. No puedes esperar a vivir tu vida

Solía esperar a que ese chico me llamase para quedar o para salir por ahí, eso me llevó a pasar muchas noches sola. No quería hacer ningún plan con nadie, porque sabía que, en cuanto lo hiciera me llamaría y yo sería la idiota que cancela los planes con sus colegas para irse con “ese”.

Echando la vista atrás, me doy cuenta de que hacer eso es una locura. Una verdadera tontería. No quiero ser esa tía nunca más. Ahora ya no espero a nadie. Si alguien me llama en el último momento y estoy libre, pues bien. Pero no espero sentada a que me llamen. Hay muchas cosas que hacer y mucha gente por conocer.

6. La seguridad ante todo

En una relación sana intervienen muchos factores. La confianza y la honestidad siempre han sido factores importantes para mí, pero nunca me había dado cuenta de lo importante que era para mí la seguridad. No necesito sentarme a pensar en qué estará haciendo esa persona, de hecho, no debería hacerlo. No necesito saber qué está haciendo en cada momento, pero si un chico con el que salgo me hace estar insegura, creo que no merece la pena.

Si no hay seguridad, si no sabes que ese chico está por ti y solo por ti. Si no te da confianza… Entonces no es para ti.

7. No es un cambio instantaneo

Una de las cosas que pensaba era que, una vez descubierto mi problema, nunca más volvería a caer. ¿Sabes qué? Estaba muy equivocada. La he seguido cagando muchas veces después de darme cuenta, sin embargo, es mucho más fácil para mí dar un paso atrás antes de que me partan el corazón.

Entiendo que las cosas no suelen salir cómo las planeamos casi nunca. Pero en la vida tienes que aprender, no te queda otra. Cada paso en falso, cada nueva “recaída” es una experiencia que puedo acumular. Luego solo tienes que hacer inventario de esos fallos y no volver a cometerlos.

8. Volverse fuerte

Una vez me convertí en mi principal prioridad, gané confianza que me ayudó a evitar a chicos que solo querían rolletes o para los que era un segundo plato. Podía plantarme con ellos, decir “hasta aquí” y cortar por lo sano.

Empecé a rodearme de personas que querían estar conmigo siempre y a las que le gustaban las mismas cosas que a mí, que querían formar parte de mi vida y de las cosas de mi vida. Personas que querían algo más que un par de citas. Empecé a entender que quería relaciones más plenas, más satisfactorias y supe también que quería estar con gente así.

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